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Insomnio y mente activa: descubre cómo la psicología puede ayudarte a recuperar un sueño saludable.

Publicado

08 Oct 2026

VZ

Psic. Virginia Zavala

Psicología

Hay una frase que escucho con frecuencia en consulta:

“Doctora, ya no sé qué hacer para dormir.”

Han probado infusiones, música, medicamentos, cambiar la almohada, acostarse más temprano, dejar el celular e incluso intentar “no pensar”. Sin embargo, llega la noche y aparece nuevamente el mismo problema: el cuerpo está cansado, pero la mente parece no querer detenerse.

Y es justamente ahí donde muchas veces debemos mirar el problema desde otra perspectiva: entender qué hay detrás del insomnio, en lugar de centrarnos únicamente en intentar dormir.

En resumen

El insomnio no siempre significa que tu cuerpo no esté cansado. A veces, los pensamientos, la preocupación y el miedo a no dormir pueden mantener tu mente activa durante la noche. Descubre con la Psic. Virginia Zavala cómo recuperar una relación más saludable con el sueño.

El insomnio puede manifestarse como dificultad para conciliar el sueño, despertares frecuentes durante la noche o despertar demasiado temprano sin poder volver a dormir. Cuando esta situación se vuelve recurrente, puede afectar el funcionamiento cotidiano, la concentración, el estado emocional y la calidad de vida.

Pero en mi experiencia como psicóloga, una de las dificultades más frecuentes no es solamente que la persona no pueda dormir, sino que comienza a desarrollar una relación de preocupación y anticipación alrededor del sueño.

Llega la noche y aparecen pensamientos como:

“¿Y si otra vez no puedo dormir?”

“Mañana tengo que trabajar y voy a estar destruido.”

“Seguro hoy tampoco voy a dormir.”

“Necesito dormirme ya.”

“¿Por qué no puedo dormir como los demás?”

Y cuanto más intentamos obligarnos a dormir, más atentos estamos a si estamos durmiendo.

El reloj se convierte en nuestro enemigo. Cada despertar genera preocupación. Cada minuto despiertos parece una confirmación de que “algo está mal”.

Así comienza un círculo que puede mantener el insomnio.

2. Charles M. Morin y la Terapia Cognitivo-Conductual para el Insomnio

Uno de los referentes más importantes en el abordaje psicológico del insomnio es el Dr. Charles M. Morin, investigador y especialista en medicina conductual del sueño, cuyo trabajo ha sido fundamental para el desarrollo y aplicación de la Terapia Cognitivo-Conductual para el Insomnio (TCC-I).

La TCC-I permite comprender que el insomnio no debe abordarse únicamente intentando conseguir que la persona “se duerma”, sino trabajando los factores cognitivos y conductuales que pueden estar manteniendo el problema.

Desde la psicología, esto resulta especialmente importante porque no solamente trabajamos sobre el comportamiento del sueño, sino también sobre lo que la persona piensa, anticipa y siente cuando llega la noche.

Y aquí quiero compartir una idea que considero fundamental en consulta:

La regla de oro: no conviertas la cama en el lugar donde luchas contra el sueño

Una de las recomendaciones centrales de la TCC-I es que, si no puedes dormir, no permanezcas en la cama luchando contra el insomnio.

La cama debe volver a asociarse con dormir, no con preocuparse, pensar, mirar el reloj, revisar el teléfono o desesperarse porque el sueño no llega.

Si estás despierto y notas que no puedes conciliar el sueño, levántate, cambia de ambiente y realiza una actividad tranquila con poca estimulación. Regresa a la cama cuando aparezca nuevamente la somnolencia.

Esta regla puede parecer sencilla, pero psicológicamente tiene un enorme significado.

Porque cuando permanecemos durante largos períodos en la cama despiertos y preocupados, podemos terminar aprendiendo una asociación:

cama = estar despierto + pensar + preocuparme + intentar dormir.

El objetivo terapéutico es ayudar al cerebro a recuperar otra asociación:

cama = sueño + descanso.

3. Pero hay algo más: ¿Qué estás pensando mientras intentas dormir?

Aquí comienza una parte esencial de mi intervención como psicóloga.

No siempre podemos controlar que aparezca un pensamiento, pero sí podemos aprender a relacionarnos de otra manera con él.

En consulta trabajamos esos pensamientos anticipatorios que aparecen especialmente durante la noche:

“Mañana no voy a funcionar.”

“Tengo que dormirme inmediatamente.”

“Si no duermo ocho horas, mañana estaré mal.”

“Otra vez voy a pasar una mala noche.”

El problema no es solamente el pensamiento.

El problema aparece cuando ese pensamiento activa preocupación, vigilancia y tensión, y la persona comienza a comprobar constantemente si ya está dormida.

Es entonces cuando dormir deja de ser un proceso natural y se convierte en una tarea que tenemos que conseguir.

Y mientras más intentamos forzarlo, más difícil puede resultar.

4. Si la mente no se relaja, el cuerpo tampoco encuentra fácilmente el camino hacia el sueño

Por eso, desde mi experiencia clínica, considero fundamental trabajar simultáneamente mente y cuerpo.

El sueño no se consigue únicamente diciéndonos:

“Tengo que dormir.”

Necesitamos disminuir la activación, reconocer los pensamientos que nos mantienen alerta y permitir que el organismo transite hacia un estado de descanso.

La relajación puede formar parte de este proceso.

Respiración lenta, relajación muscular, atención plena y otras estrategias pueden ayudar a disminuir la activación fisiológica.

Pero es importante comprender algo:

la relajación no sustituye el trabajo psicológico sobre los pensamientos y las conductas que mantienen el insomnio.

Es una herramienta dentro de un abordaje más amplio.

5. Los hábitos también importan

Los horarios irregulares, el uso de pantallas antes de dormir, determinados consumos de sustancias y otros hábitos pueden interferir con el sueño. El artículo original también identifica el estrés, la ansiedad, los factores ambientales y algunas condiciones médicas como elementos asociados al insomnio.

Por eso, una intervención psicológica adecuada también revisa:

  • horarios de sueño y vigilia;
  • tiempo que permanecemos despiertos en la cama;
  • consumo de cafeína y otras sustancias;
  • uso de dispositivos electrónicos;
  • rutinas previas al sueño;
  • nivel de actividad y descanso durante el día;
  • pensamientos y preocupaciones nocturnas.

No se trata simplemente de recibir una lista de “consejos para dormir”.

VZ

Psic. Virginia Zavala

Psicología

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